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EN 3 LINEAS • SUTILEZAS QUE CAUTIVAN
EN 3 LÍNEAS • SUTILEZAS QUE CAUTIVAN
Por Verónica Rubio • rubioojeda@koolturasos.com
El pasado 24 de octubre de 2009 en La Respuesta en Santurce, se presentó un trabajo exepcional en donde se fucionaron La Danza, El Flamenco y el Performance. Gracias a Eloy Ortíz, Aris Mejías y la bailaora Jossette Reilly, el público allí presente pudo sentir lo que en escena se iba plasmando…los colores del aura que emanaban de su danza y expresión corporal. Una música profunda en donde se destacaron la percusión y el trombón dió paso a una unión perfecta entre sentimiento, pasión y coraje. En la primera pieza, los tres elementos se fucionaron con ardua entrega y pasión. Luego, cada uno por individual, nos deleitaron con sus sutiles movimientos corporales, sus pausas y miradas que iban al unisono con el cuerpo.
Estos tres artistas demostraron el dominio escenico y la energía que llevan por dentro cuando de arte se trata. Ni un solo momento perdieron la entrega por lo que expresaban.
Los músicos también se hicieron sentir uniendose a estos tres artistas: Jose Drietich en la Guitarra, Coco Baréz en la percusión, el trombón estubo a cargo de Víctor Vázquez y la VOZ Ana del Rocío. Junto con LA VOZ llego una sorpresa muy grata por cierto, el cantaor de España Israel Paz, quien también nos deleito con su voz y pasión por el Flamenco.
Sin lugar a dudas un espectáculo digno de verse. ¡Bravo por el arte en Puerto Rico!
Esperamos poder seguir disfrutando de su arte! Éxito!



LA DANZA LIBRE
La Danza Libre
Por: Carmen Sánchez
La música comenzó a ejercer su poder en aquel lugar impregnado de aromas, la luna nos bañaba fulgida en su mágica luz , era una de nuestras tradicionales noches de poesía y bohemia en el Viejo San Juan. Cerré los ojos, más allá de toda estética y forma en una especie de viaje que buscaba encontrar los sonidos, imágenes y estímulos que estaban en mi interior. Mi cuerpo comenzó a moverse fusionando libremente las cadencias aprendidas y comenzando a descubrir muchas otras… mientras más bailaba la sensación de plenitud crecía, mi cuerpo se sentía libre en cada movimiento. Todo dejó de existir en ese momento, donde aquel piso fue mi lienzo y mi cuerpo el pincel que plasmó el cuadro que proponía mi espíritu, en cada paso lleno de color. Ese fue mi primer encuentro con la danza libre.
Danzar libre es entregarse a la cadencia de una danza sin estructuras ni limitaciones, pero a su vez, permitiendo que el flujo de lo aprendido mane en libertad para derramarse en movimiento a través de nuestro cuerpo. Descubriendo en esta exploración de energía interna, nuestra posibilidad de libre movimiento de manera descodificada y creativa, sentir y ser.
Yo lo describiría como meditación en movimiento, es una danza que nos lleva mas allá de las doctrinas del baile y nos ayuda a trascender, nos va despertando a estados acelerados de conciencia.
La gran diferencia radica en que es una danza universal que no parte de la técnica y la estructura permitiendo la natural fluidez de todo lo que yace en nuestros espacios internos y desea manifestarse. Todos danzamos naturalmente, y existen muchos caminos que nos conducen al mismo lugar, pero se necesita cierto grado de abandono para explorar a partir de nuestras vibraciones internas, sólo así alcanzamos nuestra reacción espontánea a cada nota musical, como si las teclas del piano nos golpearan el alma y de ese estimulo, naciera el movimiento.
A través de el tiempo la danza ha caminado de la mano con la búsqueda espiritual.
La danza de los siete velos es conocida popularmente como un baile exótico de seducción pero realmente pocos conocen que era una ritual privado que realizaban las mujeres en un estado de trance para activar y elevar la energía de sus chakras, conectarse con la sabiduría del universo y ser receptoras de información sagrada, que transmitían a su público mediante la danza. Estar frente a una bailarina de los siete velos era un privilegio, porque había conquistado los siete planos de la existencia, quitando cada velo, las siete máscaras de la ilusión se buscaba conquistar cada plano, desnudar el alma, no el cuerpo.
Sobre la danza de los siete velos también se conoce la historia mitológica de Ishtar quien cruzó los siete portales del submundo, dejando en cada uno de ellos uno de esos velos, revelando de esa manera su verdad, su alma, liberando su espíritu y así pudo volver a juntarse con su amor. A partir de esa historia el velo pasó a simbolizar el alma femenina.
Por otra parte inspirada en el legado de los antiguos griegos, la extraordinaria Isadora Duncan formulo su propia filosofía de la danza del futuro, natural y libre.
Duncan acuso al Ballet de deformar el hermoso cuerpo de la mujer y privarlo de su humana naturalidad.
“El arte desprovisto de espiritualidad no es arte es mera mercancía” – Duncan
Entonces veamos la música como manifestación física de la armonía celestial, y la danza como el resultado espontáneo de tal vivencia. Nunca dejará de impresionarme la danza de los derviches, dando giros rebosantes de éxtasis sostenidos en el hilo etéreo, embriagados por las gracias de su dios. Son bailes sagrados que emborrachan sensorialmente a quienes los disfrutan y poco a poco haciendo homenaje al dios amado nos liberamos de las envolturas con las que hemos cubierto el alma.
Usualmente cuando vemos a alguien bailar llega un momento en que sentimos que estamos listos, y nuestros pies comienzan a moverse en busca del ritmo. Puedes intentar controlarlos, porque el control te ha sido enseñado, pero tu cuerpo desea unirse a la danza. Siempre que tengas una oportunidad de danzar, únete. Cierra los ojos, abre las puertas del alma, que sea ella quien dirija y nuestro vehículo corporal se mueva desde adentro, naturalmente y sin presiones, y como dijo una sabia amiga “hay que abrirse a la posibilidad de ver el baile como una opción más de aprendizaje para el alma”.


